La presunción de inocencia. La presuncion de inocencia es un principio que establece que toda persona acusada de delito tiene derecho a que se presuma su
inocencia mientras no se pruebe su culpabilidad, conforme a la ley y en
un juicio público en el que se le hayan asegurado todas las garantías
necesarias a su defensa.
Creo que actualmente es un derecho bastante vulnerado ya que, como en el caso de Alberto Contador, el procedimiento fue probar su exculpabilidad. Gran parte de la población española
nos llevamos las manos a la cabeza al conocer los parámetros jurídicos
de la sanción, que parecen violar la presunción de inocencia. Muchos consideraron la resolucion inconstitucional, pero en mi opinion, aunque sea confliciva, pudo tratarse en cualquier caso de otro modo de configuracion de la culpabilidad, mas proximo la imprudencia como tal que a la culpa consciente.
Hay otros muchos ejemplos de como este principio se daña, pero a mi criterio uno de los mas sangrantes es el que se da en paises como Estados Unidos, donde, muchos años de carcel despues , los reos inocentes quedan libres al realizarse pruebas geneticas.
Por ello, y por el hecho de pertenecer a la Declaracióm Universal de los DDHH, opino que debería ser revisado y modificado en los parámetros necesarios.
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domingo, 17 de junio de 2012
domingo, 29 de abril de 2012
TODO SOBRE WALLY
El desarrollo de las
nuevas tecnologías y su aplicación en el campo de la comunicación ha supuesto
la llamada "Revolución de la Información". Esta revolución, que puede
suponer un cambio de era, afecta a todos los campos de la sociedad, modelando
aspectos culturales, éticos, de la educación, nuestras relaciones personales,… Además,
esta nueva era tiene su base en la globalización; la ruptura de las fronteras
para poder acceder a tiempo real a cualquier lugar.
La revolución de Internet, a pesar de que ha
significado un gran avance, presenta grandes desventajas. Unas de ellas es la
dificultad de ejercer un control sobre los contenidos que se filtran en la Red.
Muchos usuarios no son conscientes de que su presencia en Internet va dejando
rastro, y puede desembocar en una violación de la intimidad y libertad. Se
puede conocer todo acerca de ti, cómo quieran y cuándo quieran. Es realmente
inquietante pensar todo lo que alguien puede llegar a hacer con toda esta
cantidad de información “privada”.
Otra de las desventajas
es que el acceso a la información tan fácil y rápidamente cada vez impulsa menos el verdadero conocimiento y el
pensamiento crítico. La mayoría de información disponible en la Red no está
contrastada ni estructurada. Nos desinforma o manipula con tan solo hacer un
“clic”.
En conclusión, los
usuarios de estas nuevas tecnologías actuamos constantemente como emisores o
receptores inconscientes. Es algo integrado en nuestras vidas y debemos
aprender que el intercambio de información tiene un precio, a veces, demasiado
alto.
domingo, 18 de marzo de 2012
La Libertad Guiando al Pueblo
La Libertad guiando al pueblo es un cuadro realizado por Eugene Delacroix en 1830. Pintado durante el romanticismo francés, representa a la libertad como una figura alegórica de mujer muy sensual y real. En el lienzo está representado, entre otros, un moribundo a los pies de la Libertad que la mira fijamente indicándonos que ha valido la pena morir por ella. Como una hermosa mujer, la Libertad se representa como lo efímero, algo que no se posee pero que se conquista.
Es una banalidad pensar que somos libres. A pesar de ser una cualidad inherente al hombre, desde recién nacidos se nos es impuesto una cultura, unos valores y un modo de vida que aceptamos como válidos, pues no tenemos criterio alguno para negarlos. Por tanto nunca seremos libres. Tal como dijo el filósofo francés Jean-Jacques Rousseau, el hombre nace libre, pero en todas partes está encadenado.
La película La lengua de las mariposas nos da una lección de esto. Como cita en un pasaje Don Gregorio, una generación libre es esa turbulenta etapa de la historia supondría un gran cambio. Esta libertad sólo se consigue, o conquista, por medio de una educación absenta de ninguna ideología política, rica en valores y que requiere de un gran esfuerzo. La crueldad de la guerra hace que en cuestión de segundos la proyección de lo que sería un hombre libre se torne en un niño esclavo de un pensamiento, privado de su libertad.
En mi opinión, solo deshaciéndonos de nuestros perjuicios y ataduras sociales podremos ser libres. Es más una conquista cultural que nos permita elaborar nuestro propio pensamiento lo que nos acerca a la libertad. La sociedad actual plantea mucha controversia en este sentido. Porque ¿somos más libres cuanta más información recibamos? ¿Es la libertad de expresión un aliciente o una barrera para el desarrollo de nuestro propio pensamiento?
El hombre, desde que el mundo es mundo, busca expresarse, es consciente de su represión y se revela ante ella. Como he dicho antes, la culturización es nuestra forma de combatir esta falta de libertad. ¿Pero hasta que punto nos afectan los pensamientos ajenos?
No sé si cuanto más nos desarrollamos tecnológicamente más libres somos. Recibimos un torrente de información diariamente, pero no hemos aprendido a ser críticos con ella. Nos afecta la libertad ajena, es decir, podemos estar de acuerdo o no con una opinión que hayamos leído en un periódico, ¿pero tenemos argumentos que lo sostengan? Creo que la sobreinformación no es sinónimo de desarrollo cultural, ni siquiera somos conscientes de las barreras ideológicas que nos impone.
Por todo esto, hemos de conquistar nuestra propia libertad, en el sentido más abstracto de la palabra. Etimológicamente libertad viene tanto de amor como de miedo. Amor e inquietud por aprender, miedo a lo desconocido. Pensamos que lo sabemos todo, o que todo ello está al alcance de un clic, pero lo desconocido son las fronteras de nuestro propio intelecto o razón.
¿Por qué hasta donde queremos ser capaces de pensar, aprender o cuestionarnos para conquistar nuestra libertad?
domingo, 11 de diciembre de 2011
PRINCIPIO DE NO CONTRADICCIÓN
“Ojos que no ven, corazón que no siente”. Es un buen
refrán. Como todos los refranes, viene de la tradición popular, y el pueblo
nunca se equivoca.
Es verdad que si no ves algo, es muy difícil que lo
sientas. Ver para creer. Pero puedes ver a través de los ojos de otro, con lo
que literalmente el refrán quedaría invalidado. Pongamos el supuesto de que tu
pareja te es infiel. Si ves esa
infidelidad, sentirás dolor, ira,… Si te la cuentan es casi como si la hubieras
visto por ti mismo, pero si no la ves, sigues tu vida tranquilamente, desconocedor de lo que se pasa
por la mente de tu pareja, en paz. No puedes sentir nada por algo que todavía
no has visto, o no han visto por ti. Aun así peca de generalista. Un buen
ejemplo de ello es la fe y su práctica. Porque los creyentes sienten sin ver, es
más, ni siquiera están seguros de que aquello que no ven exista. Y, aunque para
algunos la fe es su realidad más certera, otros creen que no hay nada más allá,
pero tampoco pueden estar seguros de
ello; no se es no creyente, sino creyente en nada, con lo que también sienten
sin ver. Que paradójico.
Es curioso que, si invertimos el refrán, la resultante es
potencialmente más creíble. Pongámonos en la mente de un general, soldado, etc. Nazi. Ahora,
setenta años después, los juzgan, pero ¿realmente tenían conciencia de que lo
que hacían estaba mal? No defiendo en absoluto el genocidio, pero si tu corazón
siente un odio racial e irracional hacia los judíos, no vas a ver ningún problema
es eliminarlos, quizá para ti fuera hasta bueno. Por eso, en el campo de los derechos humanos,
es un tema complicado. Como en el experimento de las descargas eléctricas, si
el sujeto que imponía el castigo no veía el sufrimiento del castigado, no
hallaba ningún reparo en impartirlo, quizá, hasta la muerte del segundo.
Otra versión factible del flexible refrán pudiera ser “ojos
que ven, corazón que no siente”. Vas por la calle, ves a un mendigo y pasa de
largo. Todos somos conscientes de la dura realidad, pero nos cegamos, no
queremos verla para que no nos afecte. Deshumanizados. Buscamos que nuestro
corazón no sienta. Insensibles. Como tras un desengaño, nos mentimos para no
sufrir. Negamos lo evidente, cegamos nuestros ojos, no sentimos, pero hemos
visto.
¿Y qué acerca de “corazón que siente ojos que no ven”?
Es, en mi opinión otra bonita forma de engañarse, tan viable como la anterior. Tu
corazón siente de forma inevitable algo que es posible que no quiera sentir. Falseas
ese sentimiento, lo edulcoras para no ver, si no ves no crees, aunque sea una
imaginación. Es supuesto que al tiempo dejaras de sentir por aquello que no
ves, volviendo a la forma inicial del refrán.
Todo esto constituye así un principio de no
contradicción, donde si no ves no sientes y si ves sientes, aunque no sientes
si solo si no ves y no ves si solo si no sientes.
Y es que el corazón tiene razones que la razón no
entiende.
sábado, 12 de noviembre de 2011
ELEGÍA
Según el diccionario de la lengua española, la muerte es la cesación o término de la vida, la separación del cuerpo y el alma. Pero de lo que no cabe duda es de que la muerte es algo inevitable; todos, tanto la que escribe esta disertación como los que la leen o escuchan seremos polvo algún día, porque polvo somos.
Sin embargo la muerte, a pesar de ser algo tan obvio y alcanzable, suscita algunos de los mayores interrogantes a los que se enfrenta el hombre: ¿Qué es la muerte? ¿Qué es la vida más que un camino hacia la muerte? ¿Qué hay más allá de la vida terrena?
Y aquí es cuando entra en juego la religión y el determinismo divino, porque ¿qué son las religiones sino una forma de explicar la vida, y la muerte? En todas la religiones hay un modo de entender la expiración, pero todas llegan a un punto común de descanso eterno, huida del sufrimiento de la vida, redención. Dejamos a lo divino la responsabilidad de aquello que no depende de nosotros, que no podemos controlar, pues mientras nosotros vivimos la muerte aún no ha llegado, y cuando llega ya no vivimos. Mas cuando no somos nosotros los que morimos, queremos pensar que los que sí lo han hecho están en algún sitio, pero en verdad no hay nadie más inmortal que el que es recordado. Y es que la inmortalidad es algo que a los vivos se nos escapa, aunque resulte paradójico. Ya Jorge Manrique en el S.XV propone la vida como un camino hacia la deseada inmortalidad, así como Unamuno, que en su famosa “nivola” escribe:
“Este supremo esfuerzo de pasión de vida, de ansia de inmortalidad, le dejó extenuado al pobre Augusto”.
Resulta curioso que, como dice Epicuro, la muerte no sea nada para nosotros, pero a la vez uno de nuestros mayores miedos, un obstáculo infranqueable que se opone a nuestra felicidad. Vivimos con miedo pensando en el miedo a no vivir, a la desaparición del “yo”, pero es una actitud para nada racional, ya que la muerte, tal y como religiosamente la entendemos, otorga una duración ilimitada a nuestra existencia. Por eso, el problema surge cuando no se confía en que haya nada más allá, cuando nos rendimos a la evidencia científica de que somos mortales, cuando vivimos ansiando la inmortalidad terrenal.
Y es que, como dijo Unamuno a Millán Astray, ¡viva la muerte! suena a lo mismo que ¡muera la vida!
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